domingo, 26 de agosto de 2012

PREMIO HANS CHRISTIAN ANDERSEN




MARÍA TERESA ANDRUETTO


A las autoridades aquí presentes,
Al equipo directivo de IBBY,
a la impronta de su fundadora Jella Lepman,
a los representantes de las delegaciones aquí presentes,
a ALIJA delegación argentina del IBBY,
al Honorable Jurado de este premio,
a mi compañero de premiación Peter Sis,
a las instituciones que en el mundo difunden la literatura infantil de calidad, particularmente a CEDILIJ, mi casa madre,
y a los escritores, ilustradores, especialistas y editores latinoamericanos,
por las convicciones de trabajo, la alegría compartida, el afectuoso acompañamiento.

Me crié en un pueblo de provincia, en un país de un continente que comparte casi en su totalidad una lengua. Pese a su abrumadora masividad, ya que se trata de la voz de más de 450 millones de personas, su literatura ocupa un lugar en cierto modo periférico en la traducción a otras lenguas. Este castellano mío, cuna del barroco y el conceptismo, no es sin embargo una sola única lengua sino un abanico de variantes desarrolladas en España y Latinoamérica, formas de habla y escritura mestizadas por los pueblos originarios y los aportes de africanos, europeos y asiáticos que –esclavizados, sometidos, aceptados o bienvenidos - impregnaron nuestros modos de decir y de pensar.
La frase de mi casa fue: este país generoso recibió a tu padre. Desciendo de emigrantes, es decir de pobres y desterrados. Desde que recuerdo y seguramente también desde antes, escuché historias de personas que habían llegado hacía muchos años a América, hombres y mujeres cuyos modestos episodios adquirían relevancia en el relato. Fui criada por una madre a la que le gustaba contar historias y por un padre que había dejado a su familia en Italia y reconstruía al infinito el largo viaje a Argentina, el encuentro con mi madre. Me crié en la llanura argentina, entre personas a la vez melancólicas y pragmáticas, en una familia con mucha apetencia de saber, una casa en la que siempre hubo libros y donde se contaba con muchos detalles el pasado de los que habían estado antes. Tal vez por eso me apasiona lo extraordinario en la vida de cada uno de nosotros, lo extraordinario de la vida en sí misma.
Dentro de esa familiaridad con los relatos y los libros, en la idea de que había que saber un poco de todo para poder habitar en el mundo, recuerdo el momento en que descubrí, en la cocina de casa, en un libro muy de la época, que esos dibujos llamados letras podían unirse y formar palabras y que esas palabras eran los nombres de las cosas. No se trataba de literatura, era la vida misma que –suponía yo- se presentaba de ese modo para todos, en todas las casas y en todas las familias. Años más tarde comprendí que no todos los niños tenían acceso a los libros y eso hizo que tomara cierto rumbo, el de trabajar en la construcción de lectores.
Dar sentido a la experiencia; en esa conciencia reside la belleza de la vida. Vivir conscientes es al mismo tiempo defender nuestra particularidad como individuos y como pueblos. Es muy fuerte la demanda para que los libros unifiquen sus asuntos y sus usos del idioma, se vuelvan un poco neutros, pero la literatura busca lo particular, el palpitar de la lengua, su permanente escurridizo movimiento. En más de una ocasión, editores de otros países o de otras lenguas me han dicho que mi escritura era “demasiado argentina”, pero es justamente ahí, en las palabras de la sociedad que nos contiene, donde reside el desafío de un escritor, su campo de batalla. A la vez, mientras más ahondamos en lo particular, mientras menos estándar es nuestra escritura, más difícil se vuelve su exportación. En mi caso esto se complejiza, porque he escrito desde las diferencias del castellano argentino en las diversas regiones de mi país, no porque quiera hacer un paneo por los modos de hablar de mi tierra sino porque el narrador elegido me lo pedía. Es que imagino un narrador e intento escuchar cómo habla, y él me abre la puerta, me enseña el camino a seguir. He vivido el acto de escribir como una defensa de lo más propiamente mío, intento de capturar un animal hecho de palabras, en el deseo de encontrar allí algo para ofrecer a otros. El camino hacia la propia cosa y el propio modo de decir, ya que la máxima aspiración de un escritor es construir con la lengua de todos, una lengua nunca escuchada todavía.
En qué tradición debe insertarse una escritora descendiente de europeos que se crió en un pueblo de un país latinoamericano, una mujer cuya madre jamás hubiera soñado que sus hijos fueran a la universidad, alguien que accedió a estudios superiores porque en su país existe la educación gratuita, la universidad pública. ¿En qué fuente beben los escritores para niños en nuestros países? Lo universal y lo local, lo latinoamericano y lo europeo, lo central y lo periférico, lo clásico y lo contemporáneo, lo destinado a niños y lo publicado para adultos nos agitan y azuzan en una red de tensiones donde la mayor riqueza es el desacato, el desacomodo y el cuestionamiento, todos ellos propicios para la creación. Por eso la necesidad de liberar de ataduras y corsés a la Literatura Infantil, la importancia de centrarla en el trabajo con el lenguaje, como intenté decir en mi libro Hacia una literatura sin adjetivos. A comienzos de la recuperación democrática en mi país, mi generación comenzó a llevar a las aulas una frase, una convicción: “la literatura infantil es también literatura”. Pero para que eso que decimos sea verdad, debemos sortear sobreactuaciones, estereotipos y retóricas que pueblan tantos libros para los niños, escrituras serviles disfrazadas con ropajes nuevos.
Escribo para comprender, o tal vez buscando ser comprendida. Camino de conocimiento para mí y también tal vez para quien me lee, palabras que pueden despertarnos como a la durmiente princesa de uno de mis cuentos. Lo que escribo es fruto de mi tiempo, de mi sociedad, de mi experiencia, no tanto por las peripecias que narro, sino sobre todo por el uso del lenguaje, porque en el lenguaje de todo escritor se reflejan sus convicciones y contradicciones, su conocimiento y su confusión. Es en las palabras donde se libra el combate, y es de palabras la grieta por donde acceder a una lengua privada en el inmenso mar de la lengua social. Una grieta que haga balbucear a la lengua oficial, una suerte de contrapoder frente a lo uniforme y lo hegemónico.
He buscado a lo largo de estos años quién sabe qué en distintos géneros, he lanzado botellas al mar de lectores diversos, siempre pensando que no hay espacios cerrados entre lo que interesa a niños o jóvenes y lo que le puede interesar a un adulto. No hay para mí muchas diferencias entre escribir para unos u otros, de hecho no pienso en los niños cuando escribo. Se trata más bien del deseo de mirar “desde los ojos de otro” ciertas imágenes que me interpelan, que se resisten al olvido. Al escribir me enfrento sobre todo a mis prejuicios, me pongo en cuestión, y desearía que mi lector – por niño o grande que sea- se pusiera también en cuestión, se viera llevado a tomar posición. La escritura proviene de un intenso mirar y de una intensa escucha. Con la emoción como brújula, dependo de eso, pero intento mantenerme alerta porque muy a menudo algo me distrae o se empaña y pierdo el rumbo.
La historia del arte es también la historia de la subjetividad humana, necesidad de compartir dolores, alegrías o asombros con otros individuos contemporáneos o futuros; intentos de agregar algunas palabras al gran relato del mundo. En cuanto a mí, me gustaría llegar al corazón de quien me lee, llevarlo a sentir y a pensar, porque contra el adormecimiento de la conciencia, la literatura nos propone una de las inmersiones más profundas en nosotros y en la sociedad de la que formamos parte. La literatura se construye con un bien social –el lenguaje- , un bien que es de todos, y se alimenta de los relatos que esa sociedad genera. Es bueno recordar cada tanto que los escritores nos apropiamos de ese patrimonio común y que ese patrimonio regresa para pedirnos que volvamos la cabeza hacia los otros. Para pedirnos que miremos y escuchemos con atención, con persistencia, con imprudencia, con desobediencia, no para dar respuestas sino para generar preguntas. Hay algo sagrado entre un escritor, su lengua y su sociedad. La ligazón entre las condiciones de una cultura y las formas estéticas que un individuo encuentra marcan el camino de regreso a dolores personales o sociales que, en la alquimia del trabajo, lograron mutar en hondura, armonía o belleza, tal como nuestro admirado Andersen transformó la miseria o el desprecio en La vendedora de cerillas o El patito feo.
Se trata entonces del camino de una mujer hacia lo propio de sí y de su sociedad. Lo propio, eso que es también lo desconocido de nosotros, una voz alimentada y sostenida por las voces de muchos otros. Así, buscando mi propia identidad en la historia de un muchacho que atraviesa el océano, en la de niños cartoneros en una villa de emergencia, en la de una niña que ansía vivir con su madre o en la de una joven un poco extraviada -personajes adormecidos, íntegros o necesitados de amor- estaba buscando de algún modo misterioso la identidad de mi pueblo. En los últimos años, he tomado conciencia de eso, pero que ese camino me haya traído desde aquella periferia nuestra hasta esta institución, este contexto y este congreso, para recibir este premio mayor, cuyas consecuencias apenas dimensiono, es algo que me conmueve y me sorprende, algo que todavía no alcanzo a comprender.

domingo, 1 de julio de 2012

PENSANDO EN LA PATRIA GRANDE


DIEZ DÉCIMAS DE SALUDO AL PUEBLO ARGENTINO



Allá en mi pago hay un pueblo
Que se llama no-me-olvides;
Quien lo conozca que cuide
Su recuerdo como gema,
Porque hay olvidos que queman
Y hay memorias que engrandecen,
Cosas que no lo parecen,
Como el témpano flotante,
Por debajo son gigantes
Sumergidos, que estremecen.
 

Mi pueblo es un mar sereno 
Bajo un cielo de tormenta:
Laten en su vida lenta
Los estrépitos del trueno.
Puede engendrar en su seno
Las montoneras de otrora
Y cuando llegue la hora,
Mañana, también podrá
Sembrar a su voluntad
Mil estrellas en la aurora.

No hay cosa más sin apuro 
Que un pueblo haciendo la historia.
No lo seduce la gloria
Ni se imagina el futuro.
Marcha con paso seguro,
Calculando cada paso
Y lo que parece atraso
Suele transformarse pronto
En cosas que para el tonto
Son causa de su fracaso.

Mi pueblo no es argentino,
Ni paraguayo, ni austral;
Se llama "pueblo oriental"
Por razón de su destino.
Pero recorre el camino
De sus hermanos amados,
El de tantos humillados,
El de América morena,
La sangre de cuyas venas
También late en su costado.

Mi pueblo no estuvo ausente
Ni mucho menos de espaldas
A la trágica y amarga
Historia del continente.
Fuimos un balcón al frente
De un inquilinato en ruinas
-el de América latina
Frustrada en malos amores-,
Cultivando algunas flores
Entre brasil y argentina.

Pero mucho no duraron
Las flores en el balcón,
El rosquero y su ambición,
Imprudente, las cortaron.
Y fueron las mismas manos
Que arruinaron el vergel,
Las que acabaron con él,
Las que hoy muestran, codiciosas,
En vez de ramos de rosas
Unas flores de papel.
 

No falta el bobalicón
Nostálgico del jardín,
Pero entre todos el ruin
Es el que trajo al ladrón;
Ese no tiene perdón:
Si protegen sus ganancias,
La decencia y la ignorancia
Del pueblo, son sus amores;
No encuentra causas mejores
Para comprarse otra estancia.

Ese sí, no es oriental,
Ni gringo, ni brasilero;
Su pasión es el dinero
Porque es multinacional.
Mentiroso universal
Desde que vino Hernandarias,
Piensa en sus cuentas bancarias
Ponderando a los poetas
Que hacen con torpes recetas
Canciones estrafalarias.

Así pues, no habrá camino
Que no recorramos juntos.
Tratamos el mismo asunto
Orientales y argentinos,
Ecuatorianos, fueguinos,
Venezolanos, cuzqueños;
Blancos, negros y trigueños
Forjados en el trabajo,
Nacimos de un mismo gajo
Del árbol de nuestros sueños.

Y ahora reciban, señores,
Un saludo fraternal;
Dice mi pueblo oriental:
Ya vendrán tiempos mejores.
Cifra de nuestros amores
Poncho patria es el espanto
De mi pueblo y sus quebrantos
No les puedo conversar,
Solo les quise entregar
Su corazón con mi canto.

¡Gracias don ALFREDO ZITARROSA!



¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

PARA EL PAPI
 
Hoy 1º de julio, el papi cumpliría 88 años si no le hubiera dado por apurar el último trago pegándole al palo de los 82 allá por el 2006. Era un tipo especial que andaba por la vida con las alforjas cargadas de historias en una mezcla estrafalaria de héroes de la mitología griega, yasí yateré y el pombero con los rosa cruces de México, del mismo modo que hacía convivir una gárgola con un enano de jardín y el pato Donald en el mismo espacio sobre pisos que seguían los mandatos de la estética de Gaudí.
Nos construyó un caballo de Troya y nos leyó la colección completa de Monteiro Lobato. Seguro que no sabía que nos estaba abriendo la más grande de las puertas por donde entraríamos a la fortaleza que nos sustentaría en las buenas y en las malas de los años por venir.
La convicción libertaria que lo animó se azotaba los cuernos contra los muros de la desconsiderada realidad cotidiana pero nos marcó a fuego y, tal vez, por eso nunca tuvimos dudas acerca de donde estamos parados por lo que somos y no por lo que tenemos.
Pocas cosas lo indignaban más que la injusticia y se acordaba con frecuencia de Sarmiento porque, como al prócer, también a él una mentira lo indigestaba más que un pepino. Por suerte podía recurrir a la fantasía de un vuelo mayestático que lo elevaba por encima de sus propias miserias y por sobre la canalla que hace miserable la vida de la gente de buena leche.
Amaba los domingos y el chamamé. Cuando entrabas a su patio te recibían el aroma de las glicinas y la cadencia de la acordeona de don Isaco, de Cocomarola o del viejo Tarragó. Pero Horacio Guarany era su preferido quizá porque el “potro” cantaba en versos las verdades que él, a menudo,  decía en prosa.
El papi era un gran tipo, como decía Antonio Machado, “más que un hombre  al uso que sabe su doctrina fue en el buen sentido de la palabra, bueno”,


















miércoles, 30 de mayo de 2012

MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA


A 43 AÑOS DEL CORDOBAZO: 
¡Por el Gringo Tosco, por los laburantes y los estudiantes, 
por el pueblo todo! 

CIELO DEL 69
Recitado
Cielito cielo que si cielo del 69
con el arriba nervioso y el abajo que se mueve.
Canto
Que vengan o que no vengan 
al pueblo nadie lo asfixia
que acabe la caridad 
y que empiece la justicia
Que la luna llena brille 
                                (que la luna llena brille)                                 
que acabe la cuenta llena 
(que acabe la cuenta llena)
que empiece el cuarto menguante 
(que empiece el cuarto menguante)
y que mengüe por las buenas 
(y que mengüe por las buenas)
(o por las malas si no ) 
o por las malas si no
(o por las peores también) 
o por las peores también
(que el mango vayan soltando) 
que el mango vayan soltando
ya no existe la sartén!!!
Cielito cielo que si 
cielo del sesenta y nueve
con el arriba nervioso 
y el abajo que se mueve
Que vengan o que no vengan 
igual sabrán la noticia:
Se acabo la caridad 
y va a empezar la justicia!!
Cielito cielo que no 
cielito que le parece
borrar y empezar de nuevo 
y empezar, pese a quien pese!
Mejor se ponen sombrero 
(mejor se ponen sombrero)
que el aire viene de gloria 
(que el aire viene de gloria)
si no los despeina el viento 
(si no los despeina el viento)
los va a despeinar la historia!
Cielito cielo que si 
cielo del sesenta y nueve
con el arriba nervioso 
y el abajo que se mueve.
Cielito cielo que si 
cielo lindo, linda nube
con el arriba que baja 
y el abajo que se sube.
 
¡Gracias don Mario Benedetti! 

martes, 24 de abril de 2012

CRONICA DE UNA EXPERIENCIA BARRIAL EN SIERRA DE LA VENTANA


AL HACER, LOS HECHOS SE DICEN SOLOS: “EL ARBOL YA FUE PLANTADO”
Hace un tiempo, charlando de bueyes perdidos en una esquina del barrio, algunos vecinos de las Calles Pringles y Mahuida, asumimos el malestar que nos andaba causando la proliferación de basurales formados por restos de poda, pasto cortado, cartón, plástico, vidrio, chapas y toda clase de residuos imaginable en las veredas del barrio.
Argumentos como que afectan a la salud, deslucen la belleza natural del lugar y la digna rabia que nos provoca el olvido nos parecieron muy válidos, pero lo que realmente nos movilizó fue el admitir que si no hacíamos algo de modo urgente  ya nos podríamos criticar, protestar o exigir que se respeten nuestros derechos porque bien sabemos que:
v      si entramos a un sitio que resuma suciedad, será fácil agregarle esto o aquello sin ningún remordimiento, total ¡qué le hace una mancha más al tigre! Lo echamos y allá vamos por la vida tan contentos;
v      mirar y no ver es más cómodo, pues ojos que no ven corazón que no siente y ya que estamos, conciencia que no se moviliza ni actúa;
v      somos parte de una sociedad que pertenece a la cofradía del santo reproche y nos gusta muchísimo quejarnos por lo que sea, reclamar en las ventanillas equivocadas, patear la pelota afuera y bien lejos para que otro haga el gol por nosotros y mientras tanto…, parafraseando a Serrat   para no ensuciar la nuestra vamos a  tirar deshechos a la vereda de otra gente.
v      somos bastante chantas, un poco otarios y  nos creemos muy piolas.
Pero como también nos sabemos solidarios y capaces de comprometernos con nuestra comunidad  y que, cuando las ganas se juntan, no hace falta que nos digan las cosas y que si lo sabemos hacer, lo hacemos y ya,  pensamos que podíamos cambiar esa  realidad si cada uno de nosotros contribuía con su parte.
Lo hablamos con el Delegado, le presentamos una nota con la firma de 17 vecinos (si no hubo más firmas fue por escasez de recursos humanos para recolectarlas); el Delegado se lo comunicó al Director de Producción y Medio Ambiente y así fue que, con gran espontaneidad y mucha precariedad, pusimos en marcha - en el marco del programa “Tu manzana recicla” que propone el OPDS -, un simple plan de trabajo:
v      Mediante cartel indicador determinamos un sitio cada 100 metros, más o menos, para depositar los restos de la poda y del mantenimiento de jardines y colocamos recipientes para contener residuo inorgánico  con la leyenda pertinente bien visible, todo con material reciclado, un poco de pintura y la voluntad de hacer. Para completar, dos vecinos pusieron en marcha sus desmalezadoras y  cortaron el yuyal de las veredas de baldíos.
Pasado un tiempo prudencial desde el inicio, podemos afirmar que el  efecto es positivo pues aquellos que no habían advertido la existencia de los basurales, vieron con asombro la aparición de los carteles y preguntaron ¡¿QUIÉN? ¡¿CÓMO?!, ¡¿PARA QUÉ?! Aquellos que depositaban sus residuos en cualquier lugar, lo hacen en el sitio indicado. Aquellos que sí estaban molestos por los basurales, se pusieron contentos y colaboran de diversas maneras. ¡Falta mucho todavía! Por ejemplo y para empezar sería bueno que los residuos secos y reciclables se embolsen antes de  depositarlos en los contenedores vecinales sin mezclar con los orgánicos que tienen otro destino.
Cualquier intervención en la comunidad provoca reacciones en pro o en contra y eso es bueno  porque estamos intentando crecer. Lo importante es que se comprenda que es posible elegir cambiar,  sin perder de vista que somos humanos y  nos podemos equivocar. Este barco que es la patria (vale también para Sierra de la Ventana) ya lleva casi tres décadas  debatiéndose  por mantenerse a flote y nos necesita a todos para que, como sea,  aquí estemos dispuestos  a afrontar la  tempestad y empezar una y otra vez la construcción que el viento se empeña en derribar. Para sumarse a la tarea nadie debe esperar invitación especial, no por arreo amañado ni nada de eso, sino  porque no hay quien haga las tarjetas. Quien más quien menos, estamos ocupados tratando de ponerle un cordel a nuestros  sueños y acabar para siempre con el temor a volar,
Si empezamos por ver la realidad, sin omnipotencias ni humillaciones, podemos ayudar a que cambie siendo  parte de un todo, como dice el saludo maya “Yo soy tú y tú eres yo” para que nunca más el ayer vuelva a comerse el futuro. En nuestra cuadra, “el árbol ya fue plantado, estuvo lleno de pájaros y se hizo grande el laurel”, porque no quisimos esperar a que sigan pasando los años para verlo crecer.

P/D: Para contar la experiencia de nuestra cuadra me ayudaron Joan Manuel Serrat,  Eduardo Galeano, Víctor Heredia, Eladia Blázquez, Joaquín Sabina, Fanny Edelman, Mario Benedetti, Simón Díaz, Elena Siro,  Damián Sánchez , Woody Allen y la Fuenteovejuna de Lope de Vega. Muchas gracias.
.




viernes, 27 de enero de 2012

TENEMOS ESPERANZA EN LOS DIAS QUE VIENEN


YO TENGO EL CORAZÓN PUESTO SOBRE EL FUTURO

Yo tengo el corazón puesto sobre el futuro,
puesto en los hijos que de mis hijos vengan,
puesto en el corazón de los que vengan luego,
puesto en los miles que han de vivir mañana.

Tengo puestos mis brazos 
en las calles del mundo,
puestos en los hijos 
que de mis hijos vengan.

Cuando vengan hacia la tierra
las mieses desde el aire,
cuando giren los astronautas
en torno de las rosas.

Tengo los ojos puestos
en los números del calendario próximo,
puesto en los hijos 
que de mis hijos vengan.

Cuando vengan marcando con sus ritmos
el rojo de las fiestas
y tengan en sus manos
tréboles de diez hojas.

Yo tengo los pies puestos
en el camino del tiempo
que se viene
¡Y he de llegar a verlo!

A pesar de todo.

A pesar de los que hablan y mienten
A pesar de los que mienten y callan.
A pesar de los que ven y son ciegos,
A pesar de los sordos que oyen.
A pesar de los que aun quieren hacer pasar 
un camello por el ojo de una aguja.
A pesar de los fabricantes del odio y la miseria.
A pesar de los mercenarios de la muerte.
A pesar de los que desesperan.
Tenemos esperanza en los días que vienen.
¡Gracias Augusto Tamayo Vargas!
(Perú 1914 – 1992)

NOSOTROS ACUSAMOS


                                         NOSOTROS ACUSAMOS

 Por la memoria, la verdad y la justicia. Por Miguel Hernandez. Federico  y Antonio Machado... por mis muertos y los de tantos... por nosotros... por la libertad

El 24 de enero de 2012 el Tribunal Supremo de España ingresará definitivamente en la historia universal de la infamia: el juez Baltasar Garzón va a ser sometido a juicio por pretender investigar los crímenes del franquismo.

La impiadosa e inaudita persecución judicial que este juez está sufriendo excede a su persona. Sin perjuicio del odio visceral que trasluce el dislate jurídico que algunos magistrados han puesto en marcha, es el propósito de enterrar la posibilidad de juzgar dichos crímenes lo que explica el desafuero que están cometiendo.

Contraviniendo la Constitución, el Derecho Internacional, el Código Penal, la Ley de Enjuiciamiento Criminal y la doctrina de que un día supo hacer gala el propio Tribunal Supremo, miembros de este Tribunal se proponen inhabilitar a Garzón por cumplir lo que los mismos establecen.

Las consecuencias que ha tenido este insólito desmán judicial perturban y acongojan. En lo inmediato, la suspensión en sus funciones del juez, el absoluto desamparo para las víctimas, la paralización de toda investigación penal sobre uno de los mayores genocidios cometidos en el siglo pasado y la advertencia implícita a cualquier juez español que coincida con el sancionado. A más largo plazo, advierten que cuando median intereses materiales, ideológicos o políticos hay crímenes que no se investigan y criminales que no se juzgan.

Le imputan a Garzón haber dictado resoluciones injustas por haber tenido la osadía de pretender investigar crímenes que sólo se explica que aún no estén juzgados por la impunidad que se ampara en la Ley 46/1977 de 15 de octubre, de Amnistía, cuya declaración de nulidad ha sido instada por el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, entre otros organismos internacionales, por ser violatoria de normas imperativas del derecho internacional y, por tanto, obligatorias para todos los Estados.

La Ley de Amnistía, en todo caso, sólo se refiere a la extinción de responsabilidad penal de los delitos cometidos con intencionalidad política. Ni de su texto se desprende que pretendiera albergar a quienes hubieran cometido crímenes lesivos para la humanidad ni, aunque así se lo hubiera propuesto o se quisiera interpretar, sería admisible. Salvo que se entienda, por ejemplo, que los nazis hubieran podido o pudieran ser eximidos de responsabilidad por estas causas.

En el colmo del despropósito, se trata del mismo Tribunal Supremo que juzgó - y condenó a más de mil años de prisión - al represor argentino Adolfo Scilingo por crímenes de lesa humanidad cometidos en Argentina sosteniendo que éstos pueden y deben ser enjuiciados por ofender a la comunidad internacional, siendo inhábiles cualesquiera leyes que los amparen. Ahora, cuando el mismo juez español que procesó a aquél pretendió investigar delitos de similar tenor cometidos por españoles contra españoles en España, algunos miembros de ese Tribunal lo acusan de prevaricador y van a juzgarlo.

La torcida interpretación de la ley de amnistía y la negativa judicial a juzgar estos hechos ilícitos no sólo sumen en el descrédito y la vergüenza, nacional e internacional,  a la administración de justicia española, sino que desamparan a los cientos de miles de víctimas que en su día lucharon por defender la legalidad republicana y por eso sufrieron muerte, desaparición y destierro. Y a sus familiares que, pasados ya más de setenta y cinco años del comienzo de la acción criminal, deben seguir reclamando infructuosamente reparación y justicia.

En Alemania, Francia, Italia... se sigue juzgando a los genocidas nazi-fascistas por hechos cometidos aún antes de los que Garzón imputaba a los asesinos españoles. En Argentina, Chile, Uruguay... se juzga a criminales que pretendieron ser amparados con leyes que los exoneraban de responsabilidad penal.

Tras cuarenta años de dictadura y treinta y cinco de democracia, en España no existe siquiera una Comisión de la Verdad a modo de las que se instituyeron en numerosos países en los que se cometieron crímenes semejantes. Ni a un solo niño robado por la dictadura se le ha restituido su identidad; ni un solo victimario ha sido identificado judicialmente; ni a uno un juez le ha tomado declaración. No hay nadie, en fin, que haya sido  imputado por la comisión de alguno de los múltiples, masivos y generalizados crímenes cometidos.

Los crímenes contra la humanidad cometidos por el franquismo pueden y deben ser juzgados.

Encubren estos crímenes quienes se niegan a investigarlos, calumnian quienes le atribuyen delito al juez que pretende hacerlo.

Hay prevaricadores, pero Garzón no es uno de ellos.

Los prevaricadores son los que se han opuesto a la investigación de los crímenes de la dictadura y los que contra este juez vienen dictando resoluciones manifiestamente injustas.

A ellos han de serles aplicadas las sanciones que el Código Penal prevé para quienes encubren delitos y prevarican. A esas penas deberán enfrentarse cuando cese el desvarío y el derecho y la justicia sean restablecidos. A ellos los acusamos.